jueves, 21 de marzo de 2013

El movimiento con conciencia en la práctica del tai chi

   El tai chi chuan (taijiquan) utiliza movimientos rítmicos lentos con todo el cuerpo, por lo que una postura se transforma suavemente en la siguiente en un flujo continuo de movimientos. El peso del cuerpo alterna entre el pie derecho e izquierdo, manteniendo siempre el centro de equilibrio en el abdomen inferior. La combinación de la respiración diafragmática profunda y los movimientos lentos, continuos y rítmicos generan un campo de energía muy poderoso en torno al cuerpo y un flujo de energía sumamente concentrado en el interior. Durante todo el período de ejercicios, los movimientos del cuerpo deben estar perfectamente coordinados. El tai chi exige que las manos, los ojos, el cuerpo y los miembros se muevan como “un todo” teniendo las piernas como base y la cintura como eje. Los movimientos son suaves y lentos y cada parte del cuerpo está en constante movimiento. La mente permanece tranquila pero alerta y la conciencia debe dirigir el cuerpo. Al practicar, es indispensable que los movimientos sean guiados por la conciencia y que haya quietud en el movimiento. Por eso, el tai chi requiere la combinación del entrenamiento físico, mental y respiratorio. En la medida que haya un mayor grado de concentración, los movimientos serán más seguros y podrán regular las funciones fisiológicas.

   Por todo esto, algunos consideran que el tai chi es una serie de “ejercicios físicos de la conciencia” o “ejercicios terapéuticos sin aparatos”.

Principios básicos del Tai chi

     Para una correcta práctica del Tai Chi Chuan hay que tener en cuenta una serie de consideraciones o principios fundamentales sin los cuales nos perderíamos gran parte de la esencia de este arte milenario. Es absurdo pretender realizar las formas del Tai Chi sin comprender la filosofía que la sustenta. Si no se comprende la importancia del movimiento interior, todo lo más que podrá hacerse es una forma externa y hueca que no resultará más beneficiosa que cualquier otro tipo de ejercicio o posición antinatural.
     No hay que olvidar que el Tai Chi no es una mera gimnasia; es un trabajo de cuerpo, mente y espíritu que permite la evolución en esos tres niveles.
     Uno de los maestros que más ha hecho por la difusión del Tai Chi ha sido Yang Chen-Fu. Puso su énfasis en el enraizamiento, en el flujo durante el movimiento y en la relajación, que son los que permiten posteriores avances. Para él, el Tai Chi era un método de lucha y, a la vez, de conservación de la salud.
    Los diez puntos importantes del Maestro Yang Chen-Fu para la práctica del Tai Chi son los siguientes:

  1. La energía de la parte superior de la cabeza debe ser ligera y sensible.  La cabeza debe llevarse derecha, como si pendiera de un hilo desde la coronilla. No se debe usar ninguna fuerza; si se usa, la parte posterior del cuello quedará rígida y la sangre y el chi no podrán circular.
  2. Relajar el pecho y elevar la espalda. Hay que evitar sacar pecho para que el chi no se mantenga en él y el peso pueda desplazarse hacia abajo, donde reside nuestro equilibrio y gravidez. Si uno es capaz de hundir el pecho, la espalda puede elevarse de forma natural, la fuerza puede salir desde ella y se puede superar a cualquier oponente.
  3. Relajar la cintura. La cintura gobierna el cuerpo. Cuando la cintura está relajada, los pies tienen potencia y nuestra base es estable. Todos los cambios de “lleno” y “vacío” se producen desde la rotación de la cintura.
  4. Distinguir entre “lleno”y “vacío”. Esta distinción es el primer principio del Tai Chi. Sólo cuando lo comprendamos, nuestros movimientos de giro serán ligeros, ágiles y sin ningún esfuerzo. De lo contrario, nuestros pasos serán pesados y rígidos, y nuestra postura será inestable, por lo que perderemos el equilibrio fácilmente. Cuando hacemos descansar todo el peso sobre la pierna derecha, decimos que esta pierna está “llena”, por lo que la izquierda estará “vacía”, y viceversa; si vamos desplazando nuestro peso hacia la pierna izquierda ésta se irá llenando y la derecha vaciando.
  5. Hundir los hombros y dejar caer los codos. Hundir los hombros consiste en relajarlos y dejarlos caer. Si los elevamos el chi sube con ellos y todo el cuerpo se quedará sin fuerzas. Dejar caer los codos a lo largo del cuerpo consiste en relajarlos. Si los codos se elevan los hombros no pueden bajar, y estaremos bloqueando la energía necesaria para  empujar lejos a nuestro oponente.
  6. Usar la mente y no la fuerza. Cuando se practica Tai Chi el cuerpo debe estar relajado. Se debe eliminar todo tipo de tensión que pueda crear bloqueos en los tendones, los huesos y los vasos sanguíneos para que nuestros movimientos sean ligeros, ágiles, circulares y espontáneos. Así, el chi podrá circular libremente por todo el cuerpo hasta alcanzar la verdadera “energía interna”. Hay que tener presente que “Sólo de la máxima suavidad viene la máxima dureza”.
  7. Unidad de lo superior y lo inferior. Esta unidad es a lo que se refiere el tratado de Taiji quan cuando enuncia: “La energía toma su raíz en los pies, se desarrolla en las piernas, es dirigida por la cintura y se manifiesta en los dedos”. Desde los pies a las piernas y hasta la cintura, debe haber un continuo circuito de chi. Todo movimiento de las manos va acompañado de un movimiento de la cintura. Si una sola parte del cuerpo no se mueve con el resto, hay desorden y dislocación.
  8. Unidad de lo interno y lo externo. El ejercicio del Tai Chi es un trabajo de la energía espiritual. Por esto se dice: “la energía espiritual  es el amo, el cuerpo es el lacayo”. Si puede ponerse en movimiento la fuerza vital los movimientos son espontáneos, livianos y ágiles. El encadenamiento de los movimientos sigue el principio del “lleno” y “vacío”, de apertura y de cierre, tanto física como mentalmente.
  9. Continuidad sin interrupción. La práctica del Tai Chi al usar la mente y no la fuerza se hace de manera continua, circular e interminable. De comienzo a fin no hay interrupción, de manera que la energía discurre por nuestro cuerpo “como un gran río que fluye sin fin”.
  10. Buscar la quietud dentro del movimiento. Los practicantes de otras artes marciales creen que la habilidad consiste en saltar y agacharse. Agotan su chi, y después del ejercicio se quedan siempre sin fuerza. El Tai Chi usa la quietud para dirigir el movimiento; incluso cuando estamos en movimiento permanecemos tranquilos. Por lo tanto, al practicar las posturas, cuanto más lento mejor. Cuando uno va más despacio la respiración se vuelve lenta y se alarga, y el chi puede bajar al Tan-Tien, evitando de forma natural los efectos perjudiciales del pulso acelerado.

     Aparte de estos puntos importantes del maestro Yang Chen-Lu habría que añadir algunas recomendaciones a tener en cuenta por los practicantes del Tai Chi:

§         Buena disposición interna al hacer los ejercicios: hay que dejar los problemas a un lado y sonreír desde el corazón. Alegres y relajados.
§         Dejarnos llevar por el movimiento sin contenerlo ni empujarlo.
§         Mentalmente debemos permanecer en una serenidad atenta y estar completamente en el momento presente, sintiendo todo nuestro cuerpo.
§         Ojos abiertos y relajados, con la vista al frente.
§         Mandíbula relajada y no apretada. La lengua debe tocar el paladar, junto a los incisivos superiores.
§         La respiración no debe forzarse en ningún caso. Lo correcto es hacer respiración abdominal, pero al principio podemos hacerlo normalmente. Ante todo debemos respirar suave y lentamente. El flujo respiratorio forma un círculo continuo, sin interrupción alguna entre inspiración y expiración.
§         La columna vertebral estará siempre derecha pero flexible.
§         En el vientre se encuentra el centro de gravedad y el centro vital (Tan-Tien en Chino). En este punto se originan todos los movimientos.
§         Las piernas estarán algo flexionadas, las rodillas no podrán sobrepasar la punta del pie, y éstos deberán abrirse y relajarse como si se extendieran en el suelo, nunca contraerse a modo de garra. Cuanto más seguro y confiado es el contacto con el suelo, mayor es la libertad para mover todo lo demás.
§         Aunque todas las horas son buenas para la práctica, la experiencia demuestra que la mejor hora es al amanecer. Otras buenas opciones son al llegar la medianoche o antes de la cena. De cualquier modo, la práctica en sí es ya importante, independientemente del momento en que se practique, siempre que se eviten las horas centrales del día (si lo practicamos al aire libre).
§         No es recomendable practicar Tai Chi durante la digestión de las comidas o con la vegija o intestinos llenos, ya que se pueden sentir molestias que hacen que la persona no pueda relajarse y concentrarse en sus movimientos.
§         Utilizaremos ropa amplia y cómoda, y un calzado plano y flexible.
§         Se recomienda practicar al aire libre, a ser posible en plena naturaleza, para poder recibir la energía de los árboles y donde el aire es más puro.
§         Tradicionalmente se aconseja empezar el Tai Chi en dirección Norte para alinearnos con el magnetismo del planeta, aunque se puede practicar en cualquier dirección. Muchos maestros empiezan en dirección Sur. 



Origen e historia del Tai chi

     El tai chi chuan es una disciplina cuyos orígenes se remontan a la antigua China. Esta disciplina ha sido nutrida a lo largo de muchas generaciones, destacando como principales fuentes: la aportación filosófica de los principios metafísicos contenidos en el Taoísmo (aspecto místico), la aportación del campo de la medicina terapéutica y preventiva (aspecto sanitario e higiénico), y la aportación de la experiencia en el campo de la batalla (aspecto marcial). Este múltiple enriquecimiento convierte al Tai Chi Chuan en un depósito de la cultura china, tesoro universal y verdadera herramienta para el desarrollo y transformación personal.
     Los descubrimientos arqueológicos realizados en las últimas décadas han sacado a la luz múltiples pruebas de que los ejercicios calisténicos y de respiración se practicaban ya en tiempos tan remotos como la Dinastía Chou (1100-221 A.C.). Es probable que el Tai Chi se desarrollara a partir de las formas antiguas de ejercicios Tao-In y Chi-kung combinadas con la circulación interna de la energía y la respiración y con las aplicaciones marciales de la época.
     Las historias tradicionales del Tai Chi fueron escritas mucho tiempo después de que este arte se diera a conocer ampliamente. En ellas se afirma que durante el siglo XIV, un ermitaño llamado Chang San Feng recibió las enseñanzas del Tai Chi en una serie de sueños. Otras versiones afirman que Chang San Feng creó el Tai Chi al observar una pelea entre una serpiente y una grulla. Otras interpretaciones sitúan los orígenes de esta disciplina en la dinastía Tang (618-907 D.C.).
     Quizás la teoría más verosímil sea la que dice que el Tai Chi fue creado por Chen Wang-Ting, el noveno jefe del clan familiar Chen, de la provincia de Honan. Este personaje era general del ejército de la Dinastía Ming. Cuando ésta cayó en el año 1664, Chen se retiró a Chenjiagou y usó su entrenamiento militar para crear una serie de movimientos que enseñó a los miembros de su clan. Las demás formas de Tai Chi se derivaron posteriormente del estilo Chen.
     Hasta principios del siglo XX el Tai Chi era una práctica secreta que se transmitía únicamente a los miembros de la cerrada estructura familiar y a discìpulos leales.
     La práctica del Tai Chi ha llegado hasta nuestros días a través de tres tradiciones familiares principales. La primera es el estilo de la familia Chen, el cual combina técnicas de formas suaves y explosivas. La segunda es el estilo de la familia Yang, derivado del estilo Chen en el siglo XIX y que posee un ritmo suave y un flujo uniforme. La tercera es el estilo de la familia Wu, derivado de las formas Chen y Yang también en el siglo XIX, con sus sutiles movimientos articulares.
     Un estilo familiar célebre, aunque menos conocido es el estilo Sun, que es un sistema creado a principios del siglo XIX por el gran boxeador de estilo interno Sun Lu-Tang. Otro sistema familiar poco conocido es el estilo Hao, derivado del estilo Chen en el siglo pasado y que se caracteriza por sus movimientos circulares muy cortos e intrincados. Entre otras formas podemos mencionar el estilo Fu y el estilo Chen Pang Ling, ambos creados en el siglo XX y llamados “combinados” porque en su forma de realizar los movimientos incorporan el sabor y la expresión de los tres estilos familiares más importantes.
     También existen otros estilos no familiares. De algunos de ellos se afirma que fueron creados en los templos y monasterios hace siglos mientras otros surgieron en el siglo XX. Entre ellos se encuentran el Kuang Pin Tai Chi, el Wu Tang Tai Chi, el estilo veinticuatro de Yang y el  Cheng Man-Ching (variación abreviada del estilo de la familia Yang).
     El maestro de Tai Chi más conocido en el mundo occidental es probablemente Cheng Man-Ching, que aprendió su arte del nieto de Yang Lu-chan y lo llevó a Taiwan en 1949. Cheng redujo los 108 movimientos originales a sólo 37, con lo que simplificó mucho la forma que debía aprenderse y memorizarse. Según la tradición, sólo había trece posiciones para empezar, de modo que la simplificación que efectuó Cheng representaba una vuelta a los elementos básicos y no una desviación de los mismos.

Ejercicios de calentamiento y preparación

     En una sesión de Tai Chi Chuan se realizan ejercicios de calentamiento y estiramiento suaves que nos dotan de flexibilidad de forma gradual, así como de relajación y respiración para incrementar la oxigenación. El Tai Chi requiere de una adaptación progresiva tanto en los aspectos físicos como en los mentales del principiante, pero estas adaptaciones se van a desarrollar poco a poco mediante una práctica constante y paciente. La serie de ejercicios que se explican a continuación van a contribuir al desarrollo de una mente tranquila y un cuerpo más flexible, requisitos básicos para practicar el Tai Chi saboreando todos sus beneficios:

Relajación


          Es uno de los pilares donde se sostiene la práctica del Tai Chi. La relajación nos enseñará a reconocer y liberar la tensión que acumulamos día a día y con la que convivimos sin ser conscientes, en situaciones ordinarias. La relajación no requiere artificios, únicamente la toma de conciencia de las diferentes partes del cuerpo en tensión y su relajación. Se trata de sentir todo nuestro cuerpo para luego poder deshacer nuestros bloqueos. Durante la sesión se ha de mantener atención, pero no tensión, e ir aflojando todas las partes del cuerpo desde los pies a la cabeza hasta conseguir  una sensación de bienestar, tranquilidad y descanso. Poco a poco seremos capaces de relajar todo el cuerpo  en breves instantes.
 

      Respiración

           El control de la respiración es la base del desarrollo del Tai Chi y también del Chi-kung. Al igual que el ejercicio físico, hay muchas maneras diferentes de ejercitar la respiración, cada una con sus beneficios y objetivos específicos en la práctica. A pesar de que cada uno de los métodos de respiración tiene sus propios rasgos y aplicaciones únicas, todos utilizan el diafragma para impulsar la respiración y  para relajar y estimular los órganos y glándulas internas. Esto potencia la circulación de la sangre y la energía, aumenta la respuesta del sistema inmunitario, regula el sistema nervioso y endocrino, mejora la digestión, la eliminación y otras funciones vitales.
          La respiración abdominal es el principal método utilizado en todas las prácticas de Tai Chi y Chi-kung; es la manera en que respiran naturalmente los bebés y los animales y la manera en que nuestros sistemas respiratorios fueron diseñados para funcionar. Para algunos maestros las cuatro condiciones básicas para respirar bien serían:
                  
1.      Con Libertad
2.      Con Lentitud
3.      Con Finura
4.      Con Equilibrio


Automasaje

   Los ejercicios de automasaje sirven como apertura para los meridianos. Las fricciones activan la circulación sanguínea y linfática y desarrollan la sensibilidad. Las presiones activan los puntos de acupuntura. Las percusiones o golpeos alcanzan un nivel más profundo, pues la vibración del golpeo actúa resonando sobre los órganos internos y los huesos, actuando como desbloqueo de las toxinas (ácido úrico) del tejido conjuntivo, fascias y músculos.

Apertura de articulaciones

     Otro de los aspectos importantes del Tai Chi consiste en abrir todas las articulaciones del cuerpo. El estrés que produce la vida moderna generalmente afecta primero a las articulaciones (artritis) y particularmente a las vértebras (problemas de espalda). El estrés en la médula espinal obstruye el flujo del chi. Esta oclusión afecta posteriormente a los órganos, a las glándulas y al sistema inmunológico, pudiéndose generar enfermedades.
     Este tipo de ejercicio es muy importe, ya que se basa en la descarga de tensión de los ligamentos y tendones que rodean las articulaciones. Los tendones sostienen el cuerpo erguido. Mediante la movilización de las articulaciones descargamos la tensión acumulada y logramos hacerlos más flexibles y elásticos, ganando fuerza.
     Los ejercicios para abrir articulaciones son ejercicios de elasticidad clásicos, practicados como calentamiento preparatorio antes del entrenamiento de Tai Chi. Se deben practicar con gestos lentos, pero no demasiado; con firmeza y elasticidad y con concentración. Generalmente la secuencia comienza desde la parte superior del cuerpo, como sigue:

  • Apertura de cervicales.
  • Apertura de los hombros.
  • Apertura de muñecas.
  • Apertura de codos.
  • Apertura de dedos.
  • Apertura de la columna.
  • Apertura de las caderas.
  • Apertura de la rodilla.
  • Apertura de los tobillos.
  • Apertura de los dedos de los pies.




martes, 5 de marzo de 2013

Biografía del Maestro Wong Kie Kit

   Sifu Wong Kiew Kit es sucesor de cuarta generación del famoso monasterio de Shaolin en China, y gran maestro de kungfu y chikung Shaolin. Recibió el premio “Maestro de Qigong (Chikung) del Año” en el Segundo congreso Mundial de Qigong celebrado en San Francisco en Noviembre de 1997. También posee un título honorario en humanidades, y es uno de los pocos maestros que habla en un excelente inglés.
   Sus libros, Introducción al Shaolin Kungfu (1981), El Arte del Chikung (1993), El Arte del Shaolin Kungfu (1996), El Libro Completo del Taichichuan (1996), Chikung para la Salud y la Vitalidad (1997, que es la continuación de El Arte del Chikung) y El Libro Completo del Zen (1998) han sido aclamados internacionalmente. El Arte del Chikung es un best-seller, reeditado 3 veces en 3 años y traducido al alemán y al español.
   Sifu Wong, nacido en 1944, comenzó su entrenamiento de por vida en las artes Shaolin en 1954 cuando aprendió Kungfu Shaolin y danza del león con el famoso maestro Shaolin, Sifu Lai Chin Wah, quien era conocido popularmente como “Tío Rectitud”. Sifu Wong se convirtió en su mejor discípulo y ayudó a Tío Rectitud a enseñar kungfu. Más tarde, para ampliar su entrenamiento de kungfu, Sifu Wong aprendió de Sifu Ho Fatt Nam, un sucesor de tercera generación directa del Monasterio Shaolin del Sur de China, desde que este fue incendiado por el ejercito Manchú en China. Sifu Wong también aprendió kungfu Wu Zu de Sifu Chee Kim Thong y Wing Chun kungfu de Sifu Choe Hoong Choy, quienes eran patriarcas de sus respectivos estilos de kungfu.

   Sifu Wong ha enseñado chikung y kungfu durante más de 25 años, a más de 20 organizaciones. Lamentando que muchos maestros estuvieran guardando “secretos” de kungfu y chikung, con el resultado de que estas artes pueden llegar a perder su esencia, en 1982 fundó la Escuela Shaolin Wahnam de Kungfu y Chikung, bautizando la escuela con el nombre de Wahnam, que corresponde a los profesores que más le han influido, Sifu Lai Chin Wah y Sifu Ho Fatt Nam, y con el objetivo de transmitir el verdadero kungfu, chikung y filosofía de Shaolin. Habiendo ganado el mismo campeonatos, Sifu Wong ha entrenado a muchos campeones en kungfu (exhibiciones y combate de cualquier estilo) y competiciones de Danza del León. Pero siempre ha insistido en que a pesar de que el Shaolin kungfu es un arte marcial extraordinariamente efectivo, su grandeza reside en enriquecer nuestra vida diaria y en el desarrollo espiritual.
   También es secretario-fundador y más tarde presidente suplente de la Federación de Kungfu y la Organización de Danza del León de su región de nacimiento en Malasia. Desde 1987, Sifu Wong ha pasado más tiempo enseñando chikung que kungfu, porque piensa que aunque el kungfu sirve como un pasatiempo interesante, el chikung sirve a una necesidad pública urgente, particularmente la cura de enfermedades degenerativas y psiquiátricas.
   En 1988 causó una gran controversia pública cuando hizo un increíble anuncio; ¡que es posible transmitir chi (energía) a una gran distancia para curar a pacientes!. A principios de 1989, en un experimento público conducido por un diario independiente nacional, probó que la transmisión de chi a distancia es posible. Más tarde en ese mismo año, demostró en público, como enviaba chi hacia el cielo para dispersar las nubes.
Sifu Wong es uno de los pocos maestros que ha presentado generosamente al público el una vez secreto chikung Shaolin, y ha ayudado literalmente a cientos de personas a librarse de sus llamadas enfermedades “incurables” como la hipertensión, asma, reumatismo, artritis, diabetes, migraña, cálculos biliares, insuficiencia renal, depresión, ansiedad e incluso cáncer.
   En la actualidad, dedica más tiempo a escribir y a enseñar en países extranjeros, habiendo enseñado con éxito en Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia. Sifu Wong insiste especialmente en la filosofía Shaolin de compartir lo bueno con toda la humanidad y se dedica a propagar las maravillas y los beneficios de las artes Shaolin a más gente, sin importar la raza, cultura o religión.




Corrección postural

   

     Las posturas son fundamentales en todos los ámbitos de nuestra vida. Una “mala” postura oprime órganos, genera bloqueos y tensión y puede llevarnos a un determinado “estado mental”. Todo está relacionado: cuerpo y mente.
     Uno de los beneficios más importantes que produce el Tai Chi es el mejoramiento de la postura. Las deficiencias en ésta son resultado de una combinación de estados emocionales negativos y de falta de autoconsciencia.
     La imagen de una persona deprimida crónicamente es encorvada y con los hombros caídos, como si llevara el mundo entero “a cuestas”. Esta postura refleja estados emocionales negativos como tristeza, depresión, indiferencia, abandono, arrogancia, soberbia, miedo, estar a la defensiva, etc. Cuando las emociones negativas se vuelven crónicas dejan su huella en la estructura física. Estas malformaciones disfuncionales impiden que el estado emocional de la persona sea armonioso y equilibrado.
     Por el contrario, una persona con los hombros relajados, espalda recta y pecho expandido, con una postura totalmente energetizada, hace que evoque sentimientos de valor, arraigo, fuerza y bienestar emocional.
     Los hombros siempre tienen que tener una caída natural, ya estemos trabajando o descansando. Si tendemos a elevarlos, aparte de dolencias en el cuello, codo y muñecas, nos proporcionará tirantez en la zona lumbar.
     Tenemos que escuchar siempre a nuestro cuerpo. Las posturas erróneas van a tener efectos negativos en cuerpo y mente. Se hace necesario, pues, una toma de conciencia de nuestra postura, tanto en nuestras actividades cotidianas como en la práctica del Tai Chi o del Chi kung y para ello deberemos de tener en cuenta tres principios básicos:

  1. detectar el problema, la causa del mal
  2. corregir la postura
  3. desarrollar la habilidad y la técnica para que desaparezca el problema de raíz.

     La alineación estructural es una función natural del cuerpo humano, pero tendemos a perderla después de la infancia. La práctica del Tai Chi nos permite ajustar nuevamente nuestra postura de manera consciente y constante hasta que la alineación estructural adecuada vuelve a formar parte de nuestro conocimiento corporal natural. Este mejoramiento de la postura física se refleja de inmediato en una mejor estructura mental y emocional.
     La buena postura es muy importante para la circulación saludable de la energía, y se ha demostrado durante cientos de años que una circulación deficiente de la energía provoca el surgimiento de las enfermedades.


El gran maestro Wong Kie Kit practicando Chi Kung

lunes, 4 de marzo de 2013

¿En qué consiste el Tai chi chuan?


     Secuencia de movimientos rítmicos y enlazados donde la mente, el cuerpo y el espíritu se unen en perfecta armonía. Con él se pueden obtener enormes beneficios y ventajas, ya que resulta eficaz como gimmasia suave, gracias a sus movimientos delicados y relajados, combinados con una respiración abdominal profunda que beneficia la salud y la calidad de nuestras vidas.
     Su práctica fortalece los huesos, relaja los músculos, regula la respiración y ordena el sistema circulatorio y nervioso. Además, sus movimientos suaves y armoniosos fortalecen de manera no agresiva el cuerpo, resultando éste más joven y vital. Es apto para todas las edades y condiciones físicas y es recomendable especialmente para todas aquellas personas que quieran obtener equilibrio, concentración, fortaleza, flexibilidad, movilidad, coordinación y memoria. También es eficaz para las personas que quieran liberarse de dolores crónicos, hipertensión, arteriosclerosis, trastornos respiratorios y digestivos, estrés y otras muchas dolencias.
     El tai chi chuan es, probablemente, en la actualidad, el estilo más popular de chi-kung en el mundo. Se dice que el que lo practique regularmente conseguirá “la flexibilidad de un niño, la fuerza de un leñador y la tranquilidad mental de un sabio”.

 

Tai chi chuan: Forma de 24 movimientos

domingo, 3 de marzo de 2013

Los Principios de la Terapéutica china

Tratar al enfermo, más que a la enfermedad
   Considerar al ser humano como un todo completo, y no simplemente como algo compuesto por distintas partes, es un principio fundamental de la medicina china. Por lo tanto, en su terapéutica, el médico chino intenta curar al paciente como una persona completa, y no se limita a tratar de curar la enfermedad, o sólo las partes afectadas.  
   El hombre está compuesto por órganos, aparatos y sistemas muy complejos, pero unidos y coordinados, que están relacionados entre sí y dependen los unos de los otros. Por ejemplo, el aparato respiratorio depende del circulatorio para recibir alimentos y energía, que a su vez se obtienen del aparato digestivo. Al mismo tiempo, el aparato digestivo tiene que depender del aparato circulatorio, el respiratorio y otros para su mantenimiento y su funcionamiento.


   Esta interconexión en nuestro cuerpo se aprecia mejor cuando comprendemos el intrincado sistema de los meridianos, que conectan no sólo los órganos que se comunican con el exterior, como los ojos y el hígado, sino también todas las partes de nuestro cuerpo. Todos nuestros órganos internos (pulmones, hígado, riñones, etc.) están conectados con los órganos externos (piel, ojos, oídos).
   Como los órganos, aparatos y sistemas del hombre están interrelacionados mediante diversos meridianos, la lesión o la enfermedad de una parte afectará a las demás, con lo cual se pierde el equilibrio y se produce la enfermedad. Por ejemplo, como se expresa en la frase que dice que "las enfermedades del hígado afectan al bazo", cuando el hígado está enfermo, esta enfermedad suele perturbar el bazo, con lo cual se pierden el apetito y la salud en general. Por lo tanto, tiene suma importancia que el médico trate al enfermo como una persona completa y que no se limite a prestar atención a la cabeza cuando se queja de dolor de cabeza, o al estómago, cuando se queja de dolor de estómago.
   La diagnosis es sumamente importante: si la enfermedad se diagnostica de manera correcta, no cabe duda de que se producirá la recuperación. En su diagnosis, el médico tiene en cuenta el lugar donde se aloja la enfermedad, su potencia en relación con la resistencia del cuerpo, su comportamiento y su grado de evolución; examina las causas externas (los seis males) así como también las internas (las siete emociones); recurre a los cuatro métodos de diagnóstico, se deja guiar por los ocho principios y, finalmente, utiliza una o más maneras de clasificar la enfermedad para conocerla mejor.


Wong Kie Kit "EL GRAN LIBRO DE LA MEDICINA CHINA"